La final de la Copa África ofreció un desenlace tan tenso como inesperado. Senegal volvió a tocar el cielo continental al imponerse por 1-0 a Marruecos en la prórroga, en un partido marcado por la épica, la polémica y un final cargado de dramatismo en el Estadio Moulay Abdellah de Rabat.
Por: Diario Guinea 24
Campeona en 2021, la selección de los leones de la Teranga confirmó su hegemonía africana con un triunfo trabajado y sufrido, decidido por un gol de Pape Gueye, centrocampista del Villarreal, cuando el reloj ya entraba en territorio de resistencia física y mental.
Desde el inicio, Senegal impuso un ritmo alto y un despliegue físico asfixiante que anuló buena parte del talento marroquí. Ni Abde, del Real Betis, ni Ibrahim Díaz, del Real Madrid, lograban encontrar espacios ante una selección senegalesa sólida, intensa y muy ordenada. Marruecos resistía gracias a la figura de Bono, decisivo bajo palos con intervenciones de gran mérito, especialmente una ante Iliman Ndiaye que evitó el gol en la primera mitad.
El segundo tiempo cambió el guion. Marruecos dio un paso adelante y empezó a creer en el título que se le resiste desde hace medio siglo. Ayoub El Kaabi tuvo la opción más clara, pero perdonó cuando el estadio ya cantaba el gol. La tensión fue creciendo y el partido entró en una fase de nervios, interrupciones y decisiones arbitrales discutidas.
En el tramo final, el drama se apoderó de la final. Un penalti señalado a favor de Marruecos, tras una acción de Ibrahim, provocó la airada reacción de Senegal, cuyos jugadores abandonaron el terreno de juego en señal de protesta durante más de quince minutos, amagando con no regresar. El ambiente se volvió irrespirable.
Finalmente, el partido se reanudó. Díaz, protagonista indiscutible del torneo, asumió la responsabilidad desde los once metros, pero su lanzamiento del tiro penal fue directo a parar en las manos del guardameta senegalés, Édouard Mendy, desatando la incredulidad del público y devolviendo la vida a Senegal.
La prórroga apenas había comenzado cuando llegó el golpe definitivo. En el minuto cuatro del tiempo extra, Pape Gueye apareció para firmar el único gol del encuentro, un tanto que valía una Copa África y que silenció Rabat. Senegal supo gestionar la ventaja con oficio hasta el pitido final.
Así, los leones de la Teranga revalidaron su corona continental y confirmaron su estatus de potencia africana, mientras Marruecos, anfitriona y llena de ilusión, volvió a ver cómo el sueño se le escapaba una vez más. Una final para el recuerdo, tanto por el fútbol como por la intensidad emocional que la rodeó.
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