Opinión

Las secuelas mentales de mujeres víctimas de atracos convierten en "delincuente" a cualquier joven en Guinea Ecuatorial

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Por imperativo moral, tomo la osadía de exponer en este texto reflexivo una cuestión generalmente ignorada o abordada esporádicamente en conversaciones cotidianas de nuestro país: el perjuicio y la estigmatización hacia los jóvenes de Guinea Ecuatorial —especialmente chicos— como consecuencia de las indelebles secuelas mentales de mujeres víctimas de atracos. 

Autor: Andrés Ondó Etogo Oyé 

‎Mi intención no es hacer demagogia, en absoluto, sino reflejar una problemática social desatendida. En nuestra sociedad muchas mujeres han desarrollado traumas psíquicos que nacen de experiencias trágicas como atracos, agresiones y violaciones a manos de delincuentes que operan —en solitario o afiliados a bandas criminales— tomando callejones urbanos, bosques o medios de transporte público como escenarios fortuitos de actuación.

‎Independientemente de la edad, muchas féminas rehúsan subirse a un taxi donde todos los pasajeros son hombres, además del propio taxista. Me ha tocado vivir esta experiencia en numerosas ocasiones, tristemente. Y es que el problema no radica en el gesto en sí, que es entendible hasta cierto punto, sino en el repelús o la inseguridad que produce esta paranoia expansiva.   

‎Ya está muy normalizado que una chica pare un taxi, mencione su destino y, al percatarse de la presencia de varios pasajeros —hombres— en el interior del coche, se cierre en banda negándose a subir por miedo. Esta fobia en mujeres no pasa desapercibida ante la masa masculina de nuestro país, que en la mayoría de los casos lo interpretan como una ofensa hiriente en su autoestima.

‎Este miedo desmesurado ha contribuido en la atribución errónea de la etiqueta de "DELINCUENTE" para cualquier joven en Guinea Ecuatorial y ME DECLARO ESCÉPTICO ante esta realidad. No todos robamos, agredimos ni violamos. Aunque parezca utópico en Guinea Ecuatorial existen jóvenes currantes, procuradores, luchadores y emprendedores que creen en los principios de la meritocracia y la responsabilidad como vías para lograr una vida estable. 

‎Esta sensación anómala y predominante en mujeres ecuatoguineanas se hace igualmente evidente en senderos comunes donde transitan regularmente personas de diferentes edades y sexos. En estos escenarios, muchas suelen amarrar fuertemente sus pertenencias o accesorios cuando se topan con un muchacho sobre el camino —independientemente de su aspecto— cruzando miradas miedosas que delatan su pánico.

‎La psicóloga chilena María Carmen Gloria Carbonell en su artículo de investigación titulado “El Transtorno por Estréspostraumático: una Consecuencia de los Asaltos”, lanza una advertencia sobre los síntomas primordiales del TEPT (Transtorno por Estrés Postraumático) indicando que estos se caracterizan principalmente por una tríada con vestigios invasores, de evitación y de hiperalerta que pueden presentarse en el afectado en forma de recuerdos recurrentes del hecho, pesadillas, evitación de conversaciones, personas o lugares que evoquen el trauma, alteraciones del sueño, irritabilidad e intensa angustia.

‎Reza un adagio africano que «las epopeyas son buenas si se escuchan en boca del mismo trovador». En esta línea ideológica, interrogué a algunas muchachas abiertas a contribuir en la producción de este artículo, quienes han arrojado luz sobre este particular, definiendo a la crisis psicológica en cuestión como “una muestra del impacto que tiene la violencia en la psique femenina” y la tildaron como “una herida invisible que no se cura con el tiempo, sino que hace falta compasión, entendimiento y, a menudo, apoyo profesional”.

‎Ante esta tesitura, apelo a una introspección colectiva sobre la juventud masculina en Guinea Ecuatorial con los siguientes interrogantes: ¿Cuál es el futuro de los jóvenes en un país donde reinan los perjuicios? ¿Somos justos como sociedad estigmatizando a un colectivo por una práctica que realizan unos pocos? ¿Porqué se da más bombo a las hazañas de delincuentes que a iniciativas impulsadas por jóvenes procuradores?

Como siempre digo, que los árboles no nos impidan ver el bosque. El vandalismo reinante actualmente entre la masa juvenil de nuestro país no debería embadurnar la imagen del grueso de jóvenes luchadores que sí valoran la cultura del esfuerzo para alcanzar sus sueños y, por ende, trabajar por una Guinea Mejor.

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