Opinión

En tiempos de apariencias, la auténtica victoria es la paz interior

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Juanita Obono Abekara ofrece una reflexión crítica sobre la cultura de las apariencias y la presión social que afecta especialmente a los jóvenes. Señala cómo la búsqueda de validación externa, la comparación constante y la obsesión por el éxito vacío generan ansiedad, soledad y pérdida de identidad. Frente a ello, invita a valorar la autenticidad, la salud mental y la paz interior por encima de los aplausos y las expectativas sociales, recordando que cada persona debe avanzar a su propio ritmo sin necesidad de demostrar nada a nadie.

Vivimos en una sociedad donde la intensidad aburre y el desinterés se celebra. Un entorno en el que ya no importa quién eres, sino cuánto aparentas, mientras que pocos muestran su verdadera realidad. Las deudas, la ansiedad y la soledad acechan detrás de la imagen perfecta.

¿De qué sirve tenerlo todo si por dentro te sientes vacío/a? ¿De qué vale tanto filtro si tu alma está rota?

Hoy en día, todos hablan de alcanzar el éxito, pero pocos mencionan que el verdadero éxito no se mide en aplausos, sino en paz mental. Muchos lo logran por mérito propio, a través de esfuerzo, disciplina y años de trabajo, incluyendo noches en vela. Ellos merecen respeto. Sin embargo, también existen quienes buscan el camino fácil, vendiendo su dignidad por fama, reconocimientos y aplausos, confundiendo ser viral con tener valor, personalidad e identidad. Lo más triste es que la sociedad ha normalizado esto.

Normalizamos una vida falsa que parece inspirar, donde la autoestima depende de una pantalla y de los aplausos. Muchos muestran una vida que no sienten, se comparan entre sí y no saben quiénes son, buscando la validación de los demás.

Te animo a no formar parte de esta falsedad; tu salud mental no es negociable, ni tu identidad. Tu calma vale más que cualquier ruido falso que pretenda apreciarte solo porque en el momento tienes algo que ofrecer. No compites con nadie y no tienes que demostrar nada a nadie.

Hoy, si llegas a los 30 sin hijos, sin casarte o sin lo que muchos consideran una vida organizada, te tachan de fracasadx. Si te va bien, te critican y te envidian; si tienes pareja, te insinúan; si te va mal, se alegran. Cuando un joven de entre 20 y 29 años fallece, llegan los lamentos por su juventud y las cosas que aún tenía por hacer. ¡Qué ironía es la vida! El sistema te exige, pero tú puedes romperlo y avanzar a tu ritmo. Recuerda que no le debes nada a nadie ni tienes que demostrarle nada a nadie.

Elige una vida auténtica, aunque no sea perfecta, antes que una perfecta que no sea real. No te compares con nadie, no te vendas; sé auténtico/a, valórate y, sobre todo, sé tú mismo/a.


Autora: Juanita Obono Abekara 

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